FRANCOFONIA Y THE EVENT

Manu Argüelles, «CINEDIVERGENTE», www.cinedivergente.com, 25.04.2016

¿Cómo dar forma a la historia a través del cine? Desde el D’A 2016 tenemos dos modelos que aunque en apariencia muy diferentes acaban complementándose como dos exponentes de edificación del tiempo histórico a partir de la no ficción. Son, además, dos tendencias muy características del cine documental en la actualidad cuando este busca imprimir su carácter institucional.

Por un lado, tenemos a Alexander Sokurov con Francofonia, que se centra en el momento histórico en el que, en plena Segunda Guerra Mundial, el 14 de Junio de 1940, Hitler entra en París y se encuentra con una ciudad abierta, momento que utilizará el director para reflexionar sobre el Louvre como museo y establecer una especulación sobre el lugar del arte como patrimonio cultural.

Por otro lado, Sergei Loznitsa, a partir de material de archivo recopilado, en The Event asistimos en 1991 a un intento de golpe de estado en Moscú, fecha en la que, fracasada la perestroika, se acabaría desintegrando la URSS para dar paso al sistema democrático de la Rusia actual.

A partir de aquí, el director ruso en Francofonia mantiene indeleble su postura de no priorizar el hecho histórico sino el acto de recordarlo. De ahí su enunciación en primera persona, donde el propio director exterioriza su propia presencia en el seno del dispositivo fílmico para erigirlo en una suerte de ensayo. Por el contrario, Loznitsa, al darle estructura fílmica a imágenes fílmicas del pasado, las convierte en tiempo presente para erigir una suerte de relato en la que opera no tanto la memoria de aquello que ocurrió sino que se da importancia a la imagen como vivencia. Por lo que en los dos casos, antes que centrarse en el didactismo, se incursiona en la dialéctica del tiempo pasado con el presente, para que el efecto memorístico bajo el que se sustentan ambos largometrajes se erija en un ente dinámico e impuro, que diluye las fronteras y distorsiona las instancias temporales, porque el pasado forma del presente como el tiempo actual no puede concebirse sin la instancia que le precede.

Mientras que Francofonia es un despliegue exhibicionista del subjetivismo, dado que la objetividad en el cine (documental) es una pura falacia, The Event se sustenta en la arquitectura de lo objetivo para precisamente desenmascarar sus resortes, ya que en todo momento lo que se presenta como tal deja evidenciar su manipulación. Lo objetivo es una instancia igual de construida que lo subjetivo, su esencia es la misma. En consecuencia, ambos casos acaban desterrando una de las obsesiones tradicionales del documental, el posicionamiento ante la verdad y su forma idónea de transmitirla, para centrarse en los flujos dinámicos de la rememoración, asumiendo que la verdad como tal no existe.

En Francofonia la verdad es sometida a una heterogénea plasmación estilística, por lo que la ficción contamina por completo los usos y la retórica del documental. Las imágenes de archivo aparecen como permanencia, la huella viva del pasado, para ser combinada con mutaciones de ese rastro que sobrevive, mediante un aparatoso ejercicio de escenificación. Utiliza a actores para dar presencia física a las dos figuras principales que mantuvieron a salvo la imponente colección artística del Louvre, el director del museo, Jacques Jaujard, y el oficial de la ocupación nazi, el conde Franziskus Wolff-Metternich. Son personalidades que utiliza Sokurov para dar paso a la representación de los encuentros que mantuvieron ambos, combinados con la aparición irónica de otro actor que encarna a Napoleón como improvisado guía del museo. Este último quizás para trazar cierto distanciamiento con la institución francesa y así evitar que el film acabe cayendo en una suerte de publirreportaje, dado que el propio film está producido por el propio Louvre. Si uno no consigue evitar la tentación de situar el film en perspectiva con El arca rusa (Russkiy kovcheg, 2002), la anterior incursión frontal de Sokurov en el mundo museístico -en aquel entonces un apabullante ejercicio de estilo en torno al museo del Hermitage-, por mucho que Sokurov se esfuerza en Francofonia para que impere su personalidad artística, no podrá impedir que a uno le acabe oliendo más de lo que debería su último largometraje como un film de encargo, en el que el director no logra zafarse del todo, por mucha disertación reflexiva que aplique al conjunto, de una clara intención propagandística.

Si Sokurov entra en la historicidad desgarrando su solemnidad, a través de una indagación hecha a base de jirones, para trazarnos el tiempo histórico como una performance en la que se escrutan las tensas relaciones que el poder mantiene con el arte, Loznitsa busca la unidad y lo compacto a partir de aquello que ha sido disgregado en el tiempo, grabaciones del instante que vuelven a recobrar su carácter de inmediatez a partir de la estructura de un thriller. Por lo que si Sokurov se sirve de la ficción para dinamitar al documental desde dentro, Lonitza utiliza la ficción para encontrar la carcasa exterior, a partir de la gramática del cine de género. The Event, mucha más preocupada por la ética de la imagen, enseguida encuentra un posicionamiento de alianza con el civil y la perspectiva de los acontecimientos es puramente periodística, a pie de calle, viviendo de cerca la incertidumbre de la población. La selección del material disponible alcanza así una coherencia, no para comprender o clarificar mejor los acontecimientos sino para fundar un posicionamiento ideológico y otorgar a su largometraje una voluntad más experiencial que narrativa. Pero la verdad se encuentra difusa, no existe la historia unilateral y si algo el director consigue transmitir con meridiana claridad es ese momento de gran confusión, una vez que se produce el cataclismo y se derrumban los pilares que sustentan la sociedad. Y es fácil con ello que The Event sea un lugar de encuentro de tiempos, el pasado que se reconstruye para dar salida al eco que resuena en nosotros cuando enseguida proyectamos lo que vemos con los alzamientos de protesta, en Grecia, en España, etc. en plena recesión económica. Si Sokurov en Francofonia no puede evitar cierto tono épico, al fin y al cabo se glosa la heroicidad de aquellos que permitieron que todo el arte en el Louvre estuviese a salvo de la ocupación nazi, The Event inocula un pesimismo y una desesperanza, porque bien sabemos que aquello que fue la solución para detener el desastre, Yeltsin, acabó proyectando a la larga algo con consecuencias duraderas que alargan sus tentáculos hasta la actualidad. El comunismo expiraba, pero el neocapitalismo salvaje tampoco ha resultado una tabla de salvación.